lunes, noviembre 27, 2006

Ausencia




Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, e ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre la tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre la fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

                    Lope de Vega

Imanol

J. A. Labordeta y Marina Rusell

Suburbano


sábado, noviembre 25, 2006

Pa la sangre


Pa la sangre la vida
pa Dios la muerte
pa Dios la muerte
pa la sangre la vida
pa Dios la muerte
pa mi cuerpo la pena
de conocerte.

De conocerte
pa la sangre la vida
(y) quien olvidara
la manera en que vuelves
niña la cara.

A la zorra la liebre
y al lirio el valle
y al lirio el valle
a la zorra la liebre
y al lirio el valle
al tirano las leyes
y a ti la calle.

Y a ti la calle
a la zorra la liebre
y a mi condena
si me vuelves la cara
flor de azucena.

Si te ríes me río
si lloras lloro
si lloras lloro
si te ríes me río
si lloras lloro
y si cantas mi vida
yo soy el coro.

Yo soy el coro
si te ríes me río
flor de retama
y si tú eres el fuego
yo soy la rama.

                    Chicho Sánchez Ferlosio

Chicho Sánchez Ferlosio y Amancio Prada


domingo, noviembre 19, 2006

Villancico laico-gitano


¡Vente, amigo!, vamos a ver
al hombre nuevo que va a nacer.
El valor y la fortuna
se pelearán por abrirle la cuna.
Es tan vivo y tan gracioso
que no te acuerdas de ver si es hermoso.

¡Vente, niño!, vamos a ver
a este sol nuevo que quiere nacer.
Vente a ver cómo ha brotado
la llama viva del fuego apagado.

Llorará sin fundamento
y se le olvida cuando está contento.
No comprende el churumbel,
pero tampoco nosotros a él.

¡Vente, prima!, vamos a ver
la luna nueva que empieza a crecer.
Vente a ver como ha salido
la rama fresca del árbol partido.

No podrá ver el futuro,
pero sabrá vivir inseguro.
Será igual que otro cualquiera
pero a su estilo y a su manera.

¡Vente, amigo!, vamos a ver
la fuente clara que rompe a correr.
¡Vente, amigo!, vamos a ver
si el hombre nuevo pudiera nacer

                    Chicho Sánchez Ferlosio

Chicho Sánchez Ferlosio y Amancio Prada


La vecina


A través de la pared
oigo tu parte peor,
y aún esa le da calor
a este corazón sin fe.

Oigo tu parte peor
y tu voz me gusta tanto
que me suena como un canto,
aunque grites de furor.

Converso con tu señor
y siento que es como yo,
en parte por eso no
le doy alas al amor.

No encuentro nada de malo
en soltar lo que uno siente,
pero la gente es ardiente
y enseguida coge el palo.

Si se lo cuentas a él
se va a enterar también ella
y se armará una querella
por un trozo de papel.

“Éste me tira los tejos
sólo porque vivo aquí...”
No es cierto, pensaba en ti
también cuando estaba lejos.

Y no me voy a morir
por no poderte abrazar,
pero tener que callar
no lo podía sufrir.

Por mí no tendrás problema,
desconocida paloma,
tómatelo todo a broma
y arroja al fuego el poema.

Soy un viejo prematuro,
sin dientes y sin cabello,
pero me queda un destello
de niño sencillo y puro.

Jamás te molestaré,
me conformo con tu cara
y tu voz cálida y clara
a través de la pared.

                    Chicho Sánchez Ferlosio

Chicho Sánchez Ferlosio y Amancio Prada


sábado, noviembre 18, 2006

El poeta


               A Miguel Labordeta, mi hermano

Él quiso ser
palabra sobre el río al amanecer,
y caminó
por viejas esperanzas que nadie entendió.
Dejó después
la mano entre las manos y se nos marchó
con un suave silencio
que el viento rompió.

          Su gesto fue
          dolido por el caminar
          entre yerbas y piedras
          y un extenso erial.

Su voz se ató
al yermo del paisaje y a la sangre en flor.
Se hizo pared
allí donde los muros cayeron tras él.
Su soledad
abrió por los caminos la necesidad
que levanta a los hombres
a la libertad.

          Caminos son
          abiertos por su fuerte voz
          lanzada contra cierzo y sol
          y contra tantos siglos de dolor.

                    José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta (Cantar y callar)

José Antonio Labordeta (Labordeta en directo)

Monte Solo

domingo, noviembre 12, 2006

Oda a la guitarra


Delgada
            línea pura
de corazón sonoro.
Eres la claridad cortada al vuelo:
cantando sobrevives,
todo se irá menos tu forma.

No sé si el llanto ronco
que de ti se desploma,
tus toques de tambor, tu
                    enjambre de alas,
será de ti lo mío,
o si eres
en silencio
más decididamente arrobadora,
sistema de paloma
o de cadera,
molde que de su espuma
resucita
y aparece, turgente, reclinada
y resurrecta rosa.
Debajo de una higuera,
cerca del ronco y raudo Bio-Bio,
guitarra,
saliste de tu nido como un ave
y a unas manos
morenas
entregaste
las citas enterradas,
los sollozos oscuros,
la cadena sin fin de los adioses.
De ti salía el canto,
el matrimonio
que el hombre
consumó con su guitarra,
los olvidados besos,
la inolvidable ingrata,
y así se tranasformó
la noche entera
en estrellada caja
de guitarra,
temblando el firmamento
con su copa sonora
y el río
sus infinitas cuerdas
afinaba
arrastrando hacia el mar
una marea pura
de aromas y lamentos.

¡Oh! soledad sabrosa
con noche venidera,
soledad como el pan terrestre,
soledad con un río de guitarras.
El mundo se recoge
en una sola gota
de miel, en una estrella,
todo es azul entre las hojas,
toda la altura temblorosa
canta.

                    Pablo Neruda

Vicente Amigo


Para que tú me oigas


Para que tú me oigas,
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejos súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.

                    Pablo Neruda


Carmen París


Oda a la tristeza


Tristeza, escarabajo
de siete patas rotas,
huevo de telaraña,
rata descalabrada,
esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasas.
Ándate.
Vuelve
al Sur con tu paraguas,
vuelve
al Norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entra el aire del mundo,
las rojas rosas nuevas,
las banderas bordadas
del pueblo y sus victorias.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
tus alas de murciélago,
yo pisaré las plumas
que caen de tu manto,
yo barreré los trozos
de tu cadáver hacia
las cuatro puntas del viento,
yo te torceré el cuello,
te coseré los ojos,
cortaré tu mortaja
y enterraré tus huesos roedores
bajo la primavera de un manzano.

                    Pablo Neruda


Miguel Ríos


sábado, noviembre 11, 2006

Amo el amor de los marineros




Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.

Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)

Desde el fondo de ti, y arrodillado
un niño triste, como yo, nos mira.

Por esa vida que arderá en sus venas
tedrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Amor que puede ser eterno,
y puede ser fugaz.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)


                    Pablo Neruda


Joaquín Sabina


El monte y el río


En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.

Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.

Ven conmigo.

Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.

Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen «Sufrimos».

Ven conmigo.

Y me dicen: «Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,

con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo».

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,

será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.

                    Pablo Neruda


Jorge Drexler

Pablo Neruda

Rosa León

viernes, noviembre 10, 2006

Me he quedado sin pulso y sin aliento


Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.

                    Ángel González


Pedro Guerra

Ángel González

jueves, noviembre 09, 2006

Volver no es volver atrás


Volver no es volver atrás.
Lo que yo quiero de España
no es su recuerdo lejano:
yo no siento su nostalgia.

Lo que yo quiero es sentirla,
su tierra, bajo mi planta;
su luz, arder en mis ojos
quemándome la mirada;

y su aire que se me entre
hasta los huesos del alma.
Volver no es volver atrás.
Yo no siento la añoranza,

que lo que pasó no vuelve,
y si vuelve es un fantasma.
Lo que yo quiero es volver
sin volverme atrás de nada.

Yo quiero ver y tocar
con mis sentidos España,
sintiéndola como un sueño
de vida, resucitada.

Quiero verla muy de cerca,
cuerpo a cuerpo, cara a cara,
reconocerla tocando
la cicatriz de sus llagas.

Que yo tengo el alma muerta,
sin enterrar, desterrada,
quiero volver a la tierra
para poder enterrarla.

Y cuando la tierra suya
la guarde como sembrada,
quiero volver a esperar
que vuelva a ser esperanza.

Volver no es volver atrás:
yo no vuelvo atrás de nada.

                    José Bergamín


Pedro Faura


martes, noviembre 07, 2006

Nos haces una falta sin fondo


Miguel:
                            Y caminamos.
                            Aunque se hizo el silencio
y no viniste, seguimos caminando.
                            Atruena la ciudad.
Los verduleros –sus voces tan hirientes
ya no hieren- bajo tu ventanal
suavizan a desgarros la mañana.
                            Atruena la ciudad
y en su silencio, tu nombre lo ha evocado
un joven escritor
                  de menos de mil años
al preguntar por dónde te has marchado.
El resto,
los señores de alegres corbatines
se agobian de queridas y de acciones
                       y tú te quedas
solo.
                            Mamá
quiere besarte sobre el rostro
-se lo hemos permitido-
y con su beso de lágrimas,
de atroces tiempos y recuerdos,
te has marchado de casa
apenas comenzaba a atardecer.
                            Ella
te llora en los rincones
y la ciudad,
que apesta a soledades y decoros,
no puede olvidar
tus voces acusando,
                       amando,
señalando injustas manos rotas
de jóvenes airados
con potencia de águila paloma en las palabras.

                            Miguel:
mamá te vuelve a descubrir cada mañana
y mira tus camisas,
                       tus viejos pantalones,
tu boina de domingo,
tus zapatos de campo y de paseo
y te gesta de nuevo,
esta vez a lágrimas y llanto.
                            Mi hija
-Ana pequeña ahijada tuya-
me pregunta cuándo vas a nacer
de nuevo,
para volver aquí, a nuestro lado.
                            Y todo el gesto duro
de la vida,
se vuelca en mi costado
dañándome la ausencia
con que nos has dejado.

                    José Antonio Labordeta


Voz de Ana Labordeta, música Francisco Aguarod


Ella


La oigo trajinar en la cocina.
Canta - cuando su mano tomo
cantamos todos - una vieja canción
casi olvidada.

              Hace ya tiempo
que su voz me suena a cotidiano,
como el agua, la guerra,
y las calizas grises de mi tierra.

Suena a viento y a espuma
y me repite las gracias primitivas
de mi hija - hace poco nació
y ya camina -. Hablamos de la paz,
del diario quehacer - día a día
cumplimos la jornada - y vemos,
en silencio, derrumbarse la tarde
en la ventana.

              En la mesa camilla
- humeante la sopa - escuchamos
el parte de noticias:
Siempre hay alguien que ha muerto
- un ser es importante -
entre balas y golpes y lágrimas
que nada podrán contra la ausencia.

Se apagan las ventanas. Los vientos
se detienen. Alguien pasa al fondo de la calle
camino de su casa. Duerme mi hija
- la eternidad se hizo para ella -
con las manos abiertas, en franca confianza.

Hablamos en susurro - mientras hace labor -
de cosas conocidas, como el tiempo,
la paz y estas tierras, carmín, que nos cobijan
- Teruel tiene la sangre a flor de arena -.

Al descender la luz se hace el silencio
y fuera queda el mundo al descubierto.

                    José Antonio Labordeta


José Antonio Labordeta, música Francisco Aguarod. (Eliminado del servidor por reclamación de los derechos de autor)


domingo, noviembre 05, 2006

Los heraldos negros




Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

                    César Vallejo

Cuarteto irremediable


               -CUANDO TÚ ME LEAS DENTRO DE MIL AÑOS
crujía loco de mi vida y de los agujeros
                         del pantalón mojado (yo)

tú dirás: ha pasado un segundo en mi reloj de nadie
y el ese hombre estaba ahí con su corbata diferente
con sus pelos difíciles con sus cielos inmensos de mendigo
en un ojo polvoriento para nada

habránse devorado estrellas y muchachas implacables
y en la crueldad de tu alcoba fornicante
huirán en mil centellas de luz y de elegía
los últimos lamentos las últimas plegarias
las últimas blasfemias de mi olvido iracundo
vivido para nunca
no sé

               -CUANDO TÚ ME LEAS
cuando tú te tomes el pulso de los siglos
en las tumbas de los tigres amorosos
y oleajes de ancianas infinitas
lluevan por las noches iluminadas de capricornio
sobre dormitorios de pequeños poetas moribundos
acuérdate del mar y de la invisible mujer entre cenizas
mesándose los crímenes del corazón tardío para qué
y sin embargo en lo que el macho aúlla eternidad fatal
los planetas quemantes los sortilegios ignominiosos
oh jardín desconsolado y ebrio
de este hombre remoto de esta luna peluda
de este impenetrable infierno de alegría!

amor si yo te arranco el alma acuérdate tú
               -CUANDO TÚ ME LEAS DENTRO DE MIL AÑOS

                    Miguel Labordeta


Elena Rubio, María Pérez Collados, Josean Souto, Gabriel Sopeña y Pablo Guerrero

Francisco Aguarod y Mariano Anós


Siempre solo


Siempre solo
con mis sueños
y mi carne.

Con mi cantar indeciso
entre labios
atravieso las calles
bajo la lluvia.

                    Miguel Labordeta


Pablo Guerrero y Gabriel Sopeña


viernes, noviembre 03, 2006

Tengo flores para ti


No sé que tienen las flores,
lindísima hayamesa,
que unas se secan muy pronto;
y hay otras que no se secan.

De blancas flores un ramo
ayer me diste en tu casa,
y hoy ya ves, niña mía,
te las encontré más blancas.

Flores tengo, flores traigo,
yo traigo flores para ti

Así como el alma en pena,
como el clavel amarillo,
beso tu mano y el alma
se pone color de lirio.

Así es el largo martirio
de este destierro penoso,
tu corazón cariñoso
resplandece como un lirio.

Flores tengo, flores traigo,
yo traigo flores para ti.

                    José Martí


Vicente Soto


Ustedes y nosotros


Ustedes cuando aman
exigen bienestar,
una cama de cedro
y un colchón especial.

Nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar.
Con sábanas qué bueno,
sin sábanas da igual.

Ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez.

Nosotros cuando amamos
es como renacer,
y si nos desamamos
no la pasamos bien.

Ustedes cuando aman
son de otra magnitud.
Hay fotos, chismes, prensa,
y el amor es un boom.

Nosotros cuando amamos
es un amor común,
tan simple y tan sabroso
como tener salud.

Ustedes cuando aman
consultan el reloj,
porque el tiempo que pierden
vale medio millón.

Nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor,
gozamos y nos sale
barata la función.

Ustedes cuando aman
al analista van,
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal.

Nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad,
el subconsciente listo
se pone a cachondear.

Ustedes cuando aman
exigen bienestar,
una cama de cedro
y un colchón especial.

Nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar.
Con sábanas qué bueno,
sin sábanas da igual.

                    Mario Benedetti


Nacha Guevara


Amor de tarde


Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula interés
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme <<¿Qué tal?>> y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

                    Mario Benedetti


Enric Hernáez


jueves, noviembre 02, 2006

Te quiero




Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

                    Mario Benedetti


Los Sabandeños

Nacha Guevara. (Eliminado por reclamación de los derechos de autor)

Mario Benedetti

Celeste Carballo y Sandra Mihanovich

miércoles, noviembre 01, 2006

Adivinanzas


En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?
— El negro.

Con ser hembra y no ser bella,
harás lo que ella te mande.
¿Quién será, quién no será?
— El hambre.

Esclava de los esclavos,
y con los dueños, tirana.
¿Quién será, quién no será?
— La caña.

Escándalo de una mano
que nunca ignora a la otra.
¿Quién será, quién no será?
— La limosna.

Un hombre que está llorando
con la risa que aprendió.
¿Quién será, quién no será?
— Yo.


                    Nicolás Guillén


Luis Pastor

Un español habla de su tierra


Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;

los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo.

Ellos, los vencedores
caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo,
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?


                    Luis Cernuda


Paco Ibáñez


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